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Documento de archivo

Carta abierta preparada antes de la Copa Mundial 2026: llamado a garantías de seguridad y no discriminación

Documento preparado antes del inicio de la Copa Mundial 2026 y conservado como archivo y referencia. La fecha exacta de redacción no se especifica en el documento original.

La Copa Mundial de la FIFA 2026 se acerca. Millones de personas deberán trasladarse a América del Norte, una parte importante de ellas a los Estados Unidos, para asistir a los partidos, trabajar en ellos, cubrirlos periodísticamente o representar a su país.

En el contexto actual, surge una pregunta urgente: ¿qué garantías reales se ofrecerán a los jugadores, a las delegaciones, a los periodistas, a los trabajadores, a los voluntarios y a los aficionados que deberán ingresar al territorio estadounidense o desplazarse por él durante el torneo?

Esta pregunta no es teórica. No se refiere únicamente a la imagen de la FIFA. Se refiere a la seguridad física de las personas, a su libertad de movimiento, a su acceso a los partidos, a su trato en las fronteras, a su protección contra controles abusivos y a su derecho a no ser objeto de discriminación por motivo de su nacionalidad, origen, situación migratoria, apariencia, religión, opiniones políticas o pertenencia real o presunta a una comunidad vulnerable.

Riesgos ya documentados

Desde hace varios años, organizaciones de defensa de los derechos humanos documentan preocupaciones importantes respecto de ciertas prácticas migratorias y fronterizas en los Estados Unidos.

Estas preocupaciones se refieren, entre otros aspectos, a: las condiciones de detención; el trato a migrantes y solicitantes de asilo; las separaciones familiares; el uso de la fuerza; los controles selectivos; el respeto de los procedimientos fundamentales.

En el contexto de un evento mundial como la Copa Mundial, estos desafíos no son abstractos. Se convierten en riesgos inmediatos y operativos para las personas que deberán ingresar a los Estados Unidos, desplazarse por el país, trabajar en él o asistir a los partidos.

Estas constataciones plantean una serie de preguntas concretas que la FIFA no puede dejar sin respuesta a las puertas del torneo.

¿Podría impedirse la entrada al país a un aficionado debido a su nacionalidad? ¿Podría un periodista ser interrogado, retenido o vigilado debido a sus opiniones? ¿Podría un miembro de una delegación recibir un trato diferente según su país de origen? ¿Podrían los visitantes pertenecientes a comunidades migrantes, racializadas o musulmanas ser objeto de controles más estrictos por parte de las autoridades? ¿Podrían los trabajadores o voluntarios temer desplazarse libremente alrededor de las sedes de competición?

Estas preguntas deben recibir respuestas claras antes del inicio del torneo.

La FIFA no puede limitarse a organizar los partidos. Debe garantizar que el evento pueda celebrarse en condiciones seguras, equitativas y no discriminatorias.

Debe también asegurarse de que los países anfitriones, y particularmente los Estados Unidos dadas las preocupaciones planteadas, estén en condiciones de proteger a todas las personas que participan en la Copa Mundial o que viajan para asistir a ella.

No basta con afirmar que el fútbol une. Es necesario también que las personas que se desplazan para participar en él estén realmente protegidas.

Por ello, solicitamos a la FIFA que obtenga, haga públicas y haga cumplir garantías precisas relativas a:

el acceso al territorio estadounidense para jugadores, delegaciones, periodistas, trabajadores y aficionados autorizados a participar en el evento o a asistir a él; la ausencia de trato discriminatorio en las fronteras y en las ciudades sede; la protección contra las detenciones arbitrarias, los interrogatorios abusivos, el acoso o los controles selectivos; la libertad de circulación alrededor de las sedes de competición, los alojamientos, las zonas de transporte y los espacios públicos vinculados al torneo; la implementación de mecanismos de emergencia accesibles para las personas que sean detenidas, retenidas, interrogadas o impedidas de acceder a los partidos; la presencia de un mecanismo independiente de supervisión y rendición de cuentas antes y durante el evento; la existencia de un plan de contingencia en caso de que determinadas garantías mínimas no puedan obtenerse.

También solicitamos a las federaciones nacionales de fútbol, a los gobiernos de los países participantes, a los patrocinadores, a los organismos de difusión y a los socios comerciales de la FIFA que exijan públicamente estas garantías.

Su responsabilidad está comprometida. Si ocurrieran incidentes, no bastaría con afirmar que los riesgos eran imprevisibles. Los riesgos ya son conocidos. Por lo tanto, deben tomarse en serio desde ahora.

Los patrocinadores y socios comerciales no pueden beneficiarse de la visibilidad mundial del torneo mientras permanecen en silencio ante riesgos que podrían afectar directamente a las personas presentes en el campo, en las gradas, en las calles o en las fronteras.

Hacemos también un llamado a las organizaciones de defensa de los derechos humanos, a las asociaciones de aficionados, a los sindicatos, a los grupos de periodistas y a las organizaciones de la sociedad civil internacional para que documenten los riesgos, interpelen a la FIFA y exijan compromisos públicos, verificables y vinculantes.

La Copa Mundial 2026 no debe convertirse en un evento en el que ciertas personas se pregunten si serán recibidas, controladas, señaladas o detenidas debido a lo que son o a lo que las autoridades creen que representan.

Un evento mundial no puede funcionar solo con confianza. Debe sustentarse en garantías.

Si la FIFA y las autoridades correspondientes no pueden ofrecer estas garantías, entonces deben considerarse todas las opciones, incluido el traslado de ciertos partidos, la reorganización de actividades previstas en los Estados Unidos o la reubicación parcial de algunos componentes del torneo.

La pregunta ya no es solo si la organización de la Copa Mundial es coherente con los valores que dice defender la FIFA. La pregunta es más simple, más grave y más urgente:

¿Estarán realmente seguras las personas que asistan a la Copa Mundial 2026 en los Estados Unidos?

Mientras esta pregunta no reciba una respuesta clara, pública y verificable, la FIFA, sus socios y las autoridades anfitrionas no podrán pedir al público, a las delegaciones y a los aficionados que les otorguen una confianza ciega.

La Copa Mundial debe ser un espacio de encuentro. Nunca debe convertirse en un espacio de miedo, exclusión o vulnerabilidad.

Exigimos, por lo tanto, garantías inmediatas. No principios generales. No fórmulas de comunicación. Sino compromisos concretos, públicos, verificables y aplicables antes del inicio del torneo.